domingo, 7 de julio de 2013

Momento Histórico




 Hyde Park. El corazón de Londres.





Hyde Park es el corazón de Londres y no porque esté en el centro. Es porque cada evento que sucede en Hyde Park repercute en cada miembro de la comunidad, turista, maceta, subte, taxi, tren, colectivo, negocio y mascotas que estén pasando por Londres. Las arterias principales (digamos) son Hyde Park Corner, Queensway, Oxford Street, y a lo largo de estas calles todo Londres se mueve hacia Hyde Park; y desde Hyde Park fluye energía, música, arte, para toda la ciudad.

Este fin de semana tuve la suerte de ver varias bandas en el Summertime British Festival, que para algunos puede sonar como un oxímoron, pero en realidad, fue el inicio de un verano inusualmente caliente para Londres.

El viernes fui con Gabi a ver a Bush, Kaiser Chiefs y Bon Jovi, que era el evento principal. Lo mejor que tienen estos festivales ingleses al aire libre, es que la gente se evidentemente feliz de poder andar descalza o con poca ropa por la ciudad, tomar mucho alcohol bajo el rayo del sol y esparcirse en mantas por todo el parque (capacidad para más de 100.000 personas). También estos eventos terminan temprano, entonces uno puede volverse a su casa cómodamente antes de que cierre el subte.

El sábado fue como el día D en Londres, porque tocaban los Stones y, aparentemente, todo el país estaba conmocionado después de lo que tocaron en Glastonbury. Y dicen que era la despedida. Todo Londres respiraba Stones, desde las 11 de la mañana que salí del hostel, empecé a ver gente con la camiseta de los Stones de cualquier parte del mundo. Mi idea era quedarme en el borde de la valla, el sábado a la tarde, tomar algo ahí, sentada con la pantalla gigante a casi 300 metros y escuchar el recital. Pero el destino quiso que yo vea a los Stones en Londres.

Entré y empezó. Con Start me up, obvio, y pasaron por tantos hits, y con una pericia tan majestuosa (y satánica) que pocas veces experimenté en un recital. Jagger preguntó varias veces cuántos habían estado en ese mismo lugar cuando dieron aquél gran concierto del año 1969, y un tipo atrás mío contestó “Yo, y todavía respiro!”

Eso es lo que más sorprende. ¡Esto tipos son muy viejos! ¿Cómo hacen? Hoy hablando con Seba por Skype me dijo que deben hacerse un tratamiento como el del Sr. Burns.  Y debe ser así, porque no puede ser que esta gente que tiene 70 se muevan como se mueven (especialmente Sir Mick, por favor, qué vitalidad) y yo llegue con la lengua afuera después de cargar la valija por el subte. No puede ser.  Igualmente, Richards está muy parecido al mono que siempre emuló en su típico saludo.

No voy a contar sobre el recital; qué más voy a decir que no se haya dicho sobre los Stones, pero qué gran momento. Por suerte, omitieron esa parte blusera que solían hacer en sus recitales. Jagger cambió de camisa como 5 veces, y siempre con brillos. Saltó más que Bon Jovi, gritó, nos hizo cantar y aplaudir, Los Stones son Hyde Park, y verlos ahí, fue un momento histórico para muchos. Así me despedí de Londres, al menos por este mes.

viernes, 5 de julio de 2013

Noches mágicas


Londres ofrece magia a sus visitantes, especialmente de noche. ¿Por qué? Porque hay sol hasta las 21 30, primero, así que la noche propiamente dicha empieza a las 10.

Tower Hill es una zona atrás de la Torre de Londres y con vista a Tower Bridge, que tiene varios pubs tradicionales. Ahí fuimos anoche con algunos amigos de acá. Aprovechamos el “sol” de “verano” que había a las 8, para tomar algo en la vereda del pub (flores fucsias en canteros, colgando de las ventanas del pub, donde seguramente los verdugos de la Torre tomaban un ale después de cortarle la cabeza a alguien).

El río está ahí nomás, y los cruzamos para llegar a la zona de Monument (a casi 3 cuadras), y fuimos a comer a un lugar que según una encuesta hace las mejores hamburguesas de cerdo de Londres (Bodiam). Debe ser verdad. Ahí fue cuando mi estómago me dio la orden de descansar, y después de caminar por la costa del río, mirando yates y las luces de Tower Bridge, me tomé el subte y rodé hasta el hostel.

No fue una salida larga, pero las imágenes de luces sobre el río no se borra más. Junto con el atardecer sobre la torre, el olor a kétchup que sale de los pubs, el pavimento limpio, los semáforos, la cerveza un poco tibia, el acento, el aire un poco frío aunque es verano y las nubes bajas, me hicieron caer en que estoy en Londres otra vez.

Pasajero Incómodo

Y sí, pasó el tiempo (11 meses) y y se hacen sentir porque no pude conciliar el sueno; tanto como hubiera querido, en ninguna posición en el avión. Y eso que gracias a mis dimensiones reducidas yo tendría que dormir muy bien en la aeronave. Evidentemente, es la edad.
La falta de coordinación  me acompañó durante todo el viaje y la llegada.
Al viajar por TAM, uno se siente inmediatamente un amargado porque las azafatas son tan sonrientes y bien predispuestas que contrastan claramente con la idiosincrasia porteña, o la mía.
El vuelo salió a horario, me sentí apretujada en todo momento, y la oferta de películas era infartante. Intenté mirar la última de Wes Anderson pero me quedé semi dormida, y después sólo quise dormir, mal.
Otro chirimbolo interesante que regala TAM a sus pasajeros en vuelos internacionales es una opción en la pantallita que es una cámara que se encuentra abajo del avión. Entonces, en vez de desnucarse para mirar por la ventanilla, uno puede mirar el paisaje sin sentir culpa de tener un asiento (o poltrona).
Así miré el mejor aterrizaje en Londres que tuve hasta ahora. Miré todo el majestuosos serpenteo del Thames, divisé edificios icónicos, parques, lagos, hasta que los autos se veían claro, y tocamos la tierra. Es impresionante, porque se mueve tanto la cámara que parece que el avión se cae, pero no; es sólo una ilusión. Y después uno mira la pista de aterrizaje bien de cerca, cosa que no le permiten a uno si tiene que tomar un avión, a menos que trabaje en el aeropuerto.
Tomar el tuve fue extenuante; tenía crédito en la Oyster (la SUBE de Londres) pero tuve que agregar, así que busqué monedas en mi bolso; y arrastré la valija por el subte, con un calor poco común.
Mis enemigas mortales se presentaron en varias oportunidades y formatos: las escaleras.  Llegué a la estación Bayswater, a una cuadra del hostel, y casi me desmayo con la cantidad de escaleras que tuve que subir. El hostel es feo. Hagan lo que hagan, no se queden en el Hyde Park Smart View, o algo así. Pero, la locación es fantástica, Notting Hill. Tengo miles de negocios cerca y es un barrio lleno de flores. Cuando me dieron la llave de la habitación me dijeron que era en el 3er piso, ¡por escalera! Por suerte me ayudó una chica de un país de Europa del este.
Hoy, más descansada y bañada (lo cual es bastante), me dedico a organizarme. Rápido. Porque a las 2 me encuentro con Gabi y vamos a ver Bon Jovi!! Ya no soy un pasajero incómodo.

Esto era...


Sí, esto era Guarulhos, ese aeropuerto. Porque he visitado aeropuertos en Brasil; miles de ellos. Bueno, tal vez no miles pero 3 ó 4. El de Curitiba (puaj), el de Florianópolis (que mucho no recuerdo), el de Natal (con su Free Shop convenientemente cerrado, pero con camas para descansar- bien), el de Fortaleza (húmedo, pegajoso, siempre interponiéndose entre uno y España) y claro, ese que me faltaba, que yo recordaba de mi viaje del 2007 (el casi definitivo); y cuando salí de migraciones, mis más recónditos temores se confirmaron, sí, estoy en Guarulhos, el aeropuerto que se parece a un baño.

Sala tras sala de aromáticos bares de café, unos tras otro puesto de pao de queijo, un coqueto y resumido Free Shop, todos ellos rodeados de un sinfín de azulejos apretujados y verdosos, todo en concierto para regalarnos una hermosa impresión general de que estamos en un baño. Un inmenso sanitario.

Con desesperación noto que no tengo lápiz ni lapicera en el bolso de mano. Lo más irónico de todo es que tengo una cartuchera completa, con lapiceras de colores, lápices, tijeras y abrochadora en la valija; pero conmigo, ahora, ya, nada. Ni una tiza. Están todos volando a Heathrow, o en una bodega, esperando, muertos de risa. El coqueto y resumido Free Shop me obliga a comprar una lapicera de segundísima calidad, sin lugar a dudas, con la leyenda “Yo amo a Sao Paulo”. Antes muerta.

Por eso estoy marcando hojas importantes del libro que estoy leyendo con la esperanza de recordar por qué la habré marcado, o cuál de las frases habría suscitado alguna reflexión que no puedo dejar por escrito, y tengo que recurrir a mi enroscada memoria. La misma memoria que no podía recordar que éste era el aeropuerto que se parecía a un baño.

sábado, 22 de junio de 2013

Preparativos exhaustivos


¿Ya se dieron cuenta de que no tengo ni un ápice de la liviandad que me acompañaba en otros momentos cuando estaba por salir de viaje? Estoy ansiosa, no paro de preocuparme por nimiedades y quién sabe dónde puse la Oyster card, el enchufe de tres patas cuadradas - ¿qué enchufe se usa en París?- y encima, tengo que llevar más cosas que antes. 
Dicen que cuanto más experimentado se es al viajar, menos equipaje se lleva. Bueno, me falta experiencia, creo yo. 
Aparentemente, llego a London Heathrow y voy directo a Notting Hill Gate (en realidad, la estación de subte más cercana al hotel es Bayswater) para pasar unos días en uno de mis barrios favoritos. Lo que no sé es qué oferta de pubs tendrá esta zona. Es mucho más dominguera que otra cosa. 
Pero es una gran desventaja empezar por Notting Hill, porque las librerías de precios irrisorios y obras invaluables me van a llenar la valija, y va a empezar a leudar desde temprano.  
Recibí un mail de Radley, del Teen Coordinator, que quiso darse a conocer y presentar a demás miembros del personal. También escribió para manguear actividades. O talentos para complementar actividades de recreación. Esto último me inquieta un poco. ¿Qué clase de talento deportivo o siquiera de desplazamiento puedo ofrecer yo? Los que me conocen saben que me opongo firmemente a cualquier actividad que involucre sudar, y además, mi espíritu competitivo se quedó en la primaria. Los alumnos de Radley van a poder participar de juegos de Lacrosse, Squash, y football supongo, pero yo me imagino que voy a mirar y aplaudir. 
Mis palabras en la entrevista, cuando me preguntaron si podía participar en actividades deportivas fue: "Sí, pero no les garantizo ganar". 

En fín, veremos en qué desemboca esta escapada a un campo de deportes inglés. Quién dice, tal vez me convierto en una deportista tardía pero perseverante. Por ahora, me voy a poner a buscar enchufes y tarjetas de subte.

jueves, 6 de junio de 2013

Despegue Inminente


Ya parece mentira. Otra vez vamos a despegar desde Ezeiza, y esta vez es derecho a Heathrow. Una vez más voy a viajar por las muy respetadas y alegres compañías aéreas TAM, que me envolverán en ruidosas demostraciones de país emergente, y además me harán sentir lo amargados que somos los porteños en comparación a nuestros vecinos de más arriba.

Ahora, parece que mi impresora no para de darme benas noticias. Ahí sale el boleto de TAM. Y hay tres más. Epa! O mejor dicho Salute! ¿Roma?
Evidentemente, por fin voy a poder usar mi pasaporte italiano para entrar a "mi país de origen". 
Pero... hay más: Orly... Mon dieu... Qué grata sorpresa. Voy a volver a la ciudad de Julio en Agosto. Y por una semana entera para desmenuzar cada adoquín, sobre cada puente, en cada café. Hay que formatear dos novelas y darle forma a una tercera. Mejor lugar que París no se me ocurre. 

Momento: estos pasajes son para agosto. ¿Donde voy a estar todo Julio? 
Ah, ya me olvidaba. Firmé un contrato. Un college de 400 años cerca de Oxford va a ser mi casa durante semanas. Un murmullo de voces en cuarenta idiomas me convoca a aulas añejas pero con los útimos gritos de la moda metodológica colgando de los paneles de nogal, un campo de deportes inmenso, y verde, verde as far as the eye can see. 
 Se vienen meses con cambios. 
La última vez que trabajé en una escuela internacional fue hace 6 años. ¿Tendré la misma paciencia con los rusos? ¿Seguiré admirándome de la eficiencia académica de los alemanes? ¿Me seguiré horrorizando de la pronunciaciónm de los italianos? Y principalmente ¿podré desempeñar con éxito el rol de teacher 24 horas al día? 
Se vienen meses de cambios y, por supuesto,  de cometarios políticamente muy incorrectos. 


sábado, 9 de marzo de 2013

Nogoyá y la incertidumbre locacional.

Todavía no comprendo porqué tanta gente me preguntó si Nogoyá no quedaba en Corrientes. No, es en Entre Ríos, y todos sus habitantes están geográficamente capacitados para el carnaval; se lo puede observar en sus andares voluptuosos y en la humedad del clima que los acompraña a lo largo del año. 
Antes de llegar a destino, además de entrar a una veitena de pueblos, pasamos por uno que se llamaba Lucas González (ex novio de los 17 años), donde se curtía mucho la onda de sacar la reposera a la vereda alrededor de las 6 de la tarde.
No voy a preguntar, porque ya cansa esto, si es mucho pedir un lugar lindo en Nogoyá para ir a tomar algo. No digo una palacio, pero un lugar lindo, con sillas afueram con música acorde, y no esos compilados ready made de música de películas que vengo escuchando en este bar que confundí con restaurante. Como es mucho pedir  la armonía edilicia o el buen gusto en la decoración, me tuve que conformar. Pero al menos, ¿es mucho pedir un lugar que desde afuera se entienda qué es?
Me cansé de entrar a diversis establecimientos y preguntar ¿Esto es un restaurant? ¿Esto es un cyber? Y me decepcionan respuestas como: "No, no servimos papas fritas" o "No, esto es una iglesia evangélica."
Decidida ya a no querer preguntar, terminé tomando una cerveza (de segundísima marca) en un bar que parecía restaurante, y espantada por el mal juicio de quien musicalizaba , me fui a cenar a un restaurante que parecía una oficina, caminando por las calles oscuras de este pueblo del litoral, donde los bichos cascarudos acechan, y deben tener sindicato y pagar impuestos. 
En Nogoyá hay plata, evidentemente, pero está toda usada para el mal (gusto). Una pena porque la gente no podría ser más amable, el clima acompaña, y en la plaza se pueden pasar unas cuantas horas amenas leyendo.