lunes, 28 de julio de 2014

Fin de semana

Como el neurólogo en la novela Saturday de Ian Mc Ewan, me dediqué a hacer de cuenta que vivo en Londres y que este fin de semana por fin puedo tomármelo para relajarme. Momento. Sí vivo en Londres y sí me puedo tomar el fin de semana para relajarme. 
Sin pensar en la infinita cantidad de cosas interesante que hay para hacer y que no pude porque no tuve tiempo, o justo estaba en la otra punta, decidí elegir unas pocas y ver si podía. La primera fue la exposición de fotos y retratos de Virginia Woolf en the National Portrait Gallery. Realmente un lujo; una colección acotada pero rigurosa, que se concentraba básicamente en los traumas de su vida (casi su vida entera) y los amigos que fue haciendo a lo largo de su ida pública. Una de sus allegadas, Victoria Ocampo, fue quien la convenció de posar para Vogue y le aconsejó qué ponerse. 
Quería ir a una muestra de fotos en la Torre OXO, pero creo que lo puedo hacer en cualquier momento. Lo que no puedo dejar para otro momento es pasear por los parques si el clima invita. Y eso es lo que hice. El sábado estuve en Regent Park, leyendo; y el domingo pasé por Kensington Gardens, desembocando en Portobello Road y ver los últimos vestigios de la feria. 
Lo mejor que se puede hacer en Londres un domingo es ir a los mercados. Hay comidas regionales, ropa fea, zapatos de mala calidad, baratijas (amo las baratijas!!!) y libros a precios ridículos. 
También busqué charity shops, que venden cosas de segunda mano; pero cada vez que me encontraba con un Oxfam, estaba cerrada. Damn my luck. 
Hoy es lunes, fue un loquero, pero sé que me espera otro fin de semana para vagar por Londres en exactamente 5 días. 

viernes, 25 de julio de 2014

Lo que se ve por la calle

Si uno sale a caminar por Londres ve las siguientes cosas. Ya les voy adelantando que salir a caminar se aplica acá solo a turistas, o a oficinistas vestidos de traje o vestidito y zapatillas secuestro, como en Secretaria Ejecutiva. El resto de los londinenses se trasladan en subte o simplemente se estacionan en la puerta del pub más cercano. 
Lo que vi varias veces y me llamó la atención es un vehículo que no sé cómo se llama, que consta de una rueda- sí, una sola rueda- y unos pedales fijos para poner los pies. No tengo idea de cómo se propulsa y cómo no se mata la gente usando esto pero debe ser muy caro.
También se ven personas bien vestidas, claramente con trabajos importantes y cierta elegancia, arrastrándose sin mucho equilibro después de las 8 de la noche, irremediablemente borrachas. Bochornoso es poco.
Hay personas que pintan las letras, líneas zigzagueantes y derechas sobre el asfalto, y hoy vi a unos hombres en pleno proceso e restauración de señales pavimentales: un proceso digno de admirar porque esta debe ser la única ciudad que tiene tantas ilustraciones e indicaciones sobre el tarmac.
Todo es teatro, también. Miles de anuncios prometen noches inolvidables viendo un musical (que yo jamás pagaría por presenciar), y otras obras clásicas que estoy evaluando ver. En el Globe tendría que haber reservado desde el 2012 para ver algo este verano. Pero puedo llegar a encontrar algo el domingo, que es el día de la tercera edad. si no, a 5 minutos de acá tengo el National Theatre y están dando Medea, que puede llegar a gustarme.
Por sobre todas estas cosas, el ojo atento de la Torre del Big Ben y sus círculos de acero extendiéndose una vez por hora anuncian que todo está bien. Para mí todo está bajo control si puedo verlo al menos una vez por día. Si puedo pasearme bajo su mirada alerta, con el atardecer adelante y el río centelleando, no tengo de qué preocuparme. Se cierra una noche más sobre la ciudad milenaria, eterna y termina una de las tantas semanas que me quedan acá. Por más que le escriban el asfalto con pintura nueva, o la paseen con vehículos altamente tecnológicos, el pulso de Londres sigue latiendo de la misma manera, como lo hace desde hace siglos.









martes, 22 de julio de 2014

Do Write Immediately

En el Southbank Centre hubo un festival de poesía todo este fin de semana. Además de instalaciones estrafalarias, talleres y poesía efímera hecha por los participantes del público, que francamente me parece una pérdida de tiempo, hubo varios eventos y lecturas que me llamaron la atención de manera especial. 
http://www.southbankcentre.co.uk/whatson/do-write-immediately-poets-l-83685
Uno de ellos fue una lectura de cartas enviadas por poetas a sus amantes/ parejas. La idea regente detrás de esta lectura era recuperar el arte de escribir una carta. No sólo para declarar sentimientos, pero también porque es un objeto bello, un lujo casi, y , lo más importante, tiene la letra del emisor: un rasgo de la personalidad  (o de los sentimientos que estaban presionando sobre esa personalidad al momento de escribir) plasmado para siempre.

Leyeron cartas de Flaubert, de Sylvia Plath, de Ted Hughes a los hijos, de Neruda, de Lord Byron a varias destinatarias, y de John Keats sabiendo que se moría en Italia.
Lo más interesante de esta lectura fue la introducción: Instrucciones para Escribir una Carta. Tendría que haber seguido la tradición de mandar cartas, y yo lo hice tanto como pude, pero es verdad que mandar mails o mensajes no es lo mismo. El objeto en papel vale mucho más.
Otra cosa que ando haciendo por Southbank es mirar atardeceres. Eso de Waterloo Sunset es absolutamente verdad.
Cartas, atardeceres, despedidas. Se van los Italianos y se termina mi curso intensivo en la lengua del Dante. Quedan unos pocos Taiwaneses, Croatas, Turcos, y muchos, muchos, miles , insoportables cantidades de Rusos.




viernes, 18 de julio de 2014

Waterloo

Waterloo no es solo una canción de ABBA. No. Es, además, mi estación de trenes preferida en London. ¿Por qué? Bueno, por un sinfín de factores. Hay quienes pueden argumentar que Victoria es más fina, con su pasillo hasta Buckingham Palace, y sus duchas públicas. Hay, asimismo,  adeptos al mago adolescente que podrán decir que St. Pancras tiene su encanto, ni hablar del tinte internacional que conlleva su alianza con Eurostar, pero toda esa gloria me parece exagerada. También Charing Cross, con su cercanía a los teatros y a Trafalgar Square podría ser la predilecta, pero a mí me confunde salir a la calle desde Charing Cross y nunca saber para dónde agarrar. Me parece que estas estaciones apabullan por lo grandes y por lo parecidas que son a un shopping. 
Por otro lado, no quiero irme al otro extremo y vanagloriar a Elephant and Castle o Paddington, que son una mugre. Eso lo dejo a los hippies. London Bridge tiene el edificio a la salida, este que parece una astilla de vidrio: the Shard. Pero ninguna se compara a Waterloo, con su modesta selección de confiterías, su fácil acceso al subte y sus cómodas escaleras mecánicas. Además, de las 4 estaciones que tengo a 400 metros a la redonda, es la que más fácil acceso tiene: no me pregunten por qué. 
Es la estación donde convergen la Northern, Jubilee y Bakerloo lines, que prácticamente cubren los puntos más importantes de oeste. Por otro lado, desde Waterloo puedo ir a Eastbourne y a Hastings, en trenes que cuentan con mesas, baños y servicio de té y café. 
Por eso, cada vez que tenga que tomar un tren al sur, voy a salir desde Waterloo. Y también voy a ir tarareando la canción de ABBA, porque es inevitable. 






Un día en la vida

Es el típico ejercicio que uno le hace hacer a sus alumnos. "Imagine un día en la vida de George Clooney". Y el alumno que apenas puede hablar en presente simple dice que George Clooney se levanta a las 7 am, toma el desayuno y alguna otra cosa relacionada con las comidas. Porque el alumno no tiene idea de qué decir. Seamos honestos, uno mismo no tendría idea si le hicieran esa pregunta. Así, martirizamos estudiantes de todo el mundo en Embassy, haciéndolos imaginar cosas imposibles. 
Yo voy a ahorrarle al lector el esfuerzo de imaginarse qué pasa en un típico día en mi vida. 
06: 00 Me despierto porque hay sol
0630  Me duermo
07 15  Suena el despertador
07 20  Tomo un café en la cocina mirando el Big Ben
***** Tiempo perdido en la computadora, ropa, ducha, etc*****
08 30  Llego al Teachers' Room
08 31  Atiendo a profesores: Me piden fotocopias, me preguntan, dónde cuando como me vas a observar, era hoy?
08 36: Llega Joanne. La acosan con las mismas preguntas
9  00 Se van a todos a clase
09 01 Vuelven porque  se olvidaron algo
09 15 Ronda para ver cuántos ausentes hay
09 15- 9 45 Tenés a todos? 
                    No!! Faltan Agop Jhyouorwntcho y Flavula Guluiombova
                    (Conversación similar se repite en cada aula)
09 45 Llamo al centre Manager y trato de deletrearle los nombres de los ausentes. 
10      Corto después de acordar que sería mejor mandarlos por mail. 
10 30  Observo clase donde profesor habla solo por 20 minutos. Los alumnos bostezan. Imagino cómo hacer mi feedback positivo. Bostezo también.
11 Café con Joanne mientras me muestra infinidades de páginas de excell que tengo que interpretar y modificar para esta tarde. 
12 Vuelven los profesores. Todos tienen preguntas urgentes y grandes problemas que solucionar. 

12 30: Lunch. Exodo. 
13 : 00 Salgo a la calle a respirar aire fresco. Me acuerdo de que estoy en Londres. Sonrío. 
14 Vuelven los profesores a clase.
Se repite la rutina anterior pero con la variante de que todos están más cansados y menos tolerantes. 
17 30: Gran despliegue de preguntas y cosas que faltan entregar por los profesores. Joanne escapa. Nadie tiene papel. Hay gente que se quiere quedar en Teachers' Room preparando clases. 
18 00 Dinner: Gran exodo. 
Pub o' clock. Todos sugieren que habría que ir al tomar algo. 
20: caminata, libro, cualquier cosa.
23: 00 Vuelvo a Mc Laren House. Planeo dormir pero mails y comunicaciones me mantienen despierta hasta las 2 am. 

Eso es a grandes rasgos lo que pasa en Southbank. hay variantes todos los días, como para que uno no se aburra. Por ejemplo ayer a la Universidad se le ocurrió probar si la calefacción funcionaba y la dejaron prendida todo el día. Hizo 30 grados. En un momento, el edificio estaba tan caluroso que empezaron a sonar las alarmas contra incendio. Tuvimos que evacuar el edificio. Menos mal que ya había terminado de deletrear los nombres de los ausentes. 

lunes, 14 de julio de 2014

Cocoon

¿Se acuerdan de la película Cocoon? Es la de los viejos que vuelven a sentirse jóvenes porque se meten en una pileta donde hay unos capullos alienígenas. La vi cuando era muy chica, así que por ahí no estoy haciendo una reseña muy fiel, pero la idea principal era que estos viejos recibían una oportunidad más para sentirse jóvenes y actuar irresponsablemente.
Mi amiga Gabi, después de su horrendo divorcio, se compró un departamento en Eastbourne, y se mudó unos días después de que yo la visité en Hastings el pasado Agosto. Ayer la fui a visitar  y comprobé, con risa, que la mayoría de los habitantes promedian los 75. Es verdaderamente el paraíso de la tercera edad. Según las estadísticas, Eastbourne es la ciudad con más días de sol anuales en todo el Reino Unido- deben ser 14 me imagino. Cuenta con casi 100 000 habitantes, fue fundada hace millones de milenios, como todas las ciudades acá, pero tiene una rambla larguísima- con rampas para sillas de ruedas y andadores- , muchísimos hoteles Victoriano, una zona de muelles (The Harbours) parecida a Puerto Madero, con yates y eso, y un sinfín de casas para tomar el té a precios convenientes. Los viejos se pasean por Eastbourne sin temer que los lleve puestos una patineta o un adolescente los atraque. Es más, vi algunos vejetes en rollers...
También hay gente joven en Eastbourne, pero deben sumar un total de 48 entre todos. Gabi está contenta, porque dice que a nuestra edad ya la tranquilidad del pueblo le parece bien, y los vecinos de su edificio la tratan como a una nieta. 
En general, quienes viven en Eastbourne pasan solo los veranos y el resto del ano en Florida. En la época de la reina Victoria, lugares como Eastbourne se recomendaban para la gente que sufría de los pulmones o tenía que recuperarse de una larga enfermedad, porque el clima se supone que es bueno para los estándares británicos. Igual es UK, así que el viento te vuela de manera tal que el simple acto de tomar un helado se vuelve una prueba de carácter y fortaleza. 
En fin, pasé un apacible domingo en el paraíso de la tercera edad, que acá son Senior Citizens, o Super Citizens, como los llaman en las propagandas. Ahora me nombraron Senior Teacher en Embassy, que además de significar que tengo que asistir a mi jefa en todo lo que a ella se le ocurra, quiere decir que soy vieja...

Bella Italia

Sí, bella. Esta semana que terminó hoy lunes estuve dedicada a un grupo de Italianos que tienen clases aparte de todo el resto de Embassy y hacen excursiones a la tarde con los profesores incluidos. Nada mal. Lo bueno que tienen los italianos es que, aunque vagos, le ponen onda, y le encuentran humor a la clase. Por otro lado, me tocaron niveles bajos, así que la clases es parecida a una conferencia con traductores simultáneos, non- stop. 
Mi italiano se está volviendo muy fluido; entiendo todo lo que dicen. Me encantaría que ellos aprendieran algo de inglés, pero con que digan 3 o 4 frases por clase me alcanza. Lo mejor son las excursiones. La semana pasada los llevamos hasta Buckingham Palace caminando, desde Southbank. Son unas 20 cuadras. Pero como ellos van muy lento, tardamos casi dos horas en llegar. Sin tener en cuenta que se sacan fotos en cada baldosa. Ante la obvia pérdida de tiempo, una de las activity leaders sugirió que nos volviéramos en subte. ¿Y si se nos pierde alguno? ¿O lo dejamos en la plataforma? Por suerte, ellos vinieron con 8 profesoras italianos y un médico, que no ayudan mucho, pero les repiten todo lo que nosotros les decimos en italiano. Básicamente, 8 personas de vacaciones. El médico trajo a su mujer que no sabe nada de inglés y es un lastre, porque camina lento y se pierde. Volvimos todos a Southbank, todos, todos, después de haber incomodado a centenares de londinenses que volvían de su trabajo. 
Ayer fuimos a Stonehenge y Bath. En realidad, pasamos con el micro por Stonehenge, y todos sacaron fotos con sus celulares. El chofer del micro les avisó: "Sobre su derecha van a ver Stonehenge, que es una pila de ladrillos."  Se decepcionaron un poco, pero en Bath se entretuvieron más, patoteando al soldado romano que entretiene a los visitantes a los Roman Baths, porque era romano y no hablaba italiano. 
Por suerte, en el viaje de vuelta se durmieron, y yo también. Me fui a un asiento sola, porque una de las profesoras me quería dar charla y me quemó la cabeza. Patricia, australiana y trotamundos. 
Con las demás profesoras estábamos preocupadas porque no les habíamos dado ningún dato o fecha de las fundaciones, ciudadanos ilustres, Jane Austen, etc. Nos quedamos más tranquilas cuando vimos que lo único que querían saber era dónde quedaba Primark y si había Starbucks. 
Bath es una ciudad para pasar unos días, realmente. Tiene tanta historia. Me sentía caminando por la novela Northanger Abbey, back and forth from the Pump Rooms. Todo es beige, hay flores en cada esquina, y la abadía es la más linda de las iglesias que vi acá. Me habría encantado tener tiempo para ir a revolver alguna librería, pero el deber de velar por la bella Italia y sus jóvenes habitantes no me permitieron. 
Será otra vez.