jueves, 25 de diciembre de 2014

Christmas

Sí, llegó por fin, la Navidad, que los ingleses hace 2 meses que están esperando con preparativos, decoraciones, ventas promocionales y fiestas varias.
Gabi me hospedó en su casa para pasar unas navidades internacionales. Yo traje unos turrones y demás confituras de Tenerife, ella está cocinando un pavo y estamos degustando cosas inglesas, que por alguna extraña razón se comen en Navidad.
De fondo, hay una película cómica Checa, que sería el equivalente de mirar a Chevy Chase en Europa del Este.
Lo primero que pelamos fueron los Mince Pies. cuando vimos lo que iba a tardar el pavo, nos sentamos a beber Becherovka, una bebida Checa, y lo acompanamos de Mince Pies. Los Mince Pies son unas tortitas que se ven bien pero saben a desaliento y disappointment. No sé de qués están rellenos, alguna mermelada con alguna fruta seca, pero es mucho peor de lo que uno imagina.
Después nos pusimos a hace otra genialidad inglesa: Pigs in Blankets- literalmente: chanchos en sábana. Es una salchichita de copetín envuelta en panceta. Bajas calorías. 18 iguales en una bandeja y al horno.
Ahora estamos mirando el sol (si hay algo que no esperaba ver en Navidad era el sol) mientras esperamos que el pavo se haga.
La gente por la calle nos decía Happy Christmas, y todos parecen muy felices. Me siento en una Novela de Dickens. En un rato da el discurso la Reina. No me lo pienso perder!

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Tenerife

Sí, leyeron bien. Tenerife. No sé cómo terminé sacando un pasaje para irme de los días fríos de invierno a las soleadas y rocosas playas de Tenerife. 
El hotel era lo más parecido que vi en mi vida a Rancho Relaxo. Había tanta comodidad que se desperdiciaba. Mi cuarto en realidad era un departamento, de dos ambientes. Y con balcón. 
Me llevé, por supuesto, libros y la computadora, para no sentirme tan culpable porque, según el calendario académico del hemisferio norte, hay que entregar trabajos en enero. 
De todos modos, me las arreglé para pasar tiempo en la zona de piscina, donde muchas familias discutían en varios idiomas europeos, tratando de que sus hijos rubios no se ahogaran. También salí a caminar por la zona de hoteles y clubes de golf. Al parecer, el producto más preciado en Tenerife es la vista, por eso está tapada desde la calle y lugares públicos. Para mirar la vista desde una zona preferencial, hay que estar en un hotel o en un restaurant caro. 
También hay que decirlo, Tenerife está muy mal señalizada. En las Islas Canarias no se estila el uso correcto de las flechas para indicar direcciones. Por eso me perdí a tres cuadras del hotel. 
Tomé mucho café decente, volví a cruzar bien la calle y a ver a los motoristas manejar del lado correcto. También miré un poco de tele, y me reí en voz alta de las propagandas españolas. El domingo a la tarde, después de la pileta, miré una parte de Papá por Siempre, la película en la que Robin Williams se disfraza de vieja para pasar más tiempo con sus hijos, después de separarse de Sally Field (a quien nadie se cansa de dar malas noticias). Me acuerdo que fui a verla al cine con mis papás y mi hermana, allá lejos en lso 90s, y por supuesto, algunas cosas pasaron desapercibidas. Yo pensaba que Sally Field era la mala de la película, pero la verdad, un marido como Robin Williams, que contemple andar vestido de vieja por la calle, te la regalo. Otra cosa, Pierce Brosnan te arrastra el ala?? Listo, Robin no tiene chance. 
De todos modos, dejé de mirarla en la parte del restaurant, cuando todo el embrollo se revela, y Sally Field pone cara de malas noticias. 
Pasé unos días muy raros, ventosos y calurosos para esta época del calendario, y esta parte del mundo. Ahora en Londres, se viene la Navidad, casi sin nubes. Nadie lo puede creer. 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Pasar el Invierno

Al parecer, los Europeos son maravillosos y creativos a la hora de este ejercicio que no le gusta a nadie y hemos dado en llamar "Pasar el invierno". Por lo general, esta infeliz frase está asociada con cuentas por pagar, falta de recursos, oscuridad, desolación, entumecimiento de partes vitales del cuerpo y ropa poco favorecedora. Sin embargo, en Londres, el concepto de pasar el invierno toma dimensiones inimaginables de color y luminosidad que hacen a uno sentirse un poco desorientado y hasta feliz. 
Comenzamos con Halloween. Una importación Estadounidense para darles a los Británicos una excusa para emborracharse pero disfrazados. También hubo un par de calabazas con velas adentro- una práctica de lo más desagradable. Esa noche fui arrastrada a una fiesta en SOAS (la facultad más revolucionaria de la University of London, porque sus alumnos usan ropa y peinados raros), que de hecho fue una sede idónea, ya que sus alumnos están SIEMPRE disfrazados (para marcar diferencia, reidentificar el origen y tantas otros asuntos urgentes de las minorías étnicas). Ah, SOAS es School of Oriental and African Studies. 
A principios de Noviembre, tuvimos Guy Fawkes´Night, and remember, remember the 5th of November.... gunpowder, treason and plot! Ahora tendría que ser, fireworks, rain and booze! Los fuegos artificiales fueron intensos y múltiples. Se escuchaban cada noche desde una zona diferente. Pero la lluvia no dio tregua esa semana. con mis padres, que vinieron de visita, miramos el show del Lord Mayor desde el puente de Charing Cross. Nos empapamos...
Desde hace un mes y medio está llegando la Navidad. Cada calle de Londres, por secundaria que sea, está iluminada con la más delicada variedad de luces centelleantes, virando del blanco al azul. Nada de purpurina verde ni cintas rojas. Muchos de los estudiantes se vuelven a sus países de origen a pasar las fiestas, y me preguntan: ¿No te vas a sentir sola en Navidad? Pero esto no es Navidad! Ustedes no entienden. En Navidad uno cocina con el horno prendido por una semana mientras hace 40 grados! Hay embotellamientos y la gente se atropella por comprar adornos y turrones! Hay peleas por dónde pasar las fiestas y nadie se pone de acuerdo. Y pan dulce! Y vitel thone! 
Este desfile de luces, frío, chocolate, abrigo, malvaviscos, gorros, guantes, viento, noches que empiezan a las 4 de la tarde, calefacción al máximo y vino caliente, ¿Qué tiene que ver con Navidad?

viernes, 24 de octubre de 2014

Un Mundo Ordenado

La rutina cristalizó, al fin, en Londres. Por un mes tuve el mismo trabajo, entonces todas las mananas  escucho en perfecto acento metálico "436 to Lewisham Shopping Centre" en cada parada; y es hasta ahí que me dirijo. Lo que me da una hora de ida y de vuelta para leer. 
Los días que vuelvo en subte, cambio desde el DLH hasta la Central line en Bank- que según algunos es el mismo infierno- y una masa inmensa de gente, con humor de hora pico, se mueve sincopadamente y en perfecto silencio hacia donde se encuentre el tren de su preferencia. Londres habrá sido en muchas ocasiones el hogar de la contracultura (punks, hooligans, etc) pero a nadie se le ocurre no pagar el colectivo. Todo está monitoreado. Y si pagás bien, se te recompansa de algún modo (con descuentos y esas cosas). De hecho, nadie entiende muy bien cuánto cuesta viajar en subte si viajas con Oyster, o con tarjeta de débito- Acá ya se implementó el contactless payments. Sólo hacés flamear tu tarjeta de débito frente al sensor y voilá. 
Lo que me llama la atención y también a muchos de mis alumnos tan extranjeros como yo es la obsesión que tienen los Ingleses con decir "Sorry". Acá aunque vos los pises y los empujes, te van a decir "Sorry". Lo peor de todo, es que ya lo hago yo también. 
Hay miles de servicios que se pagan aparte en Londres; como por ejemplo la licencia por tener una tele. Me parece una atrocidad pero aparentemente en Alemania y en Francia también se hace. Nos llegó una carta del gobierno a Nutford "invitándonos" a pagar si tenemos tele en nuestros cuartos. 
Por otro lado, la gente ya se prepara para el invierno. Hay decoraciones Navideñas; los pubs ya ofrecen servicios especiales para la cena de Christmas Eve; y la gente hace revisar su boiler (caldera). 
La semana que viene empieza a anochecer a las 5 de la tarde. Mejor, así leo más y me quedo indoors- una cantidad insana de ensayos, journals, artículos y demás información que siento que es una pérdida de tiempo no aprovechar si estoy acá. 
Es una ciudad que vibra, que se transforma en cada momento, pero puede darse el lujo de ser ecléctica porque todo el mundo sabe cómo y dónde cruzar la calle, cómo pagar el transporte, en dónde hacer fila y cuándo pedir disculpas. 

jueves, 2 de octubre de 2014

(Dis) Orientation Week

"Hay al menos dos grandes mentiras en ese título", (Bart Simpson, después de ver la película Naked Lunch). 
Sí, la semana pasada y esta, o sea, no es una semana sola, es Orientation Week en la facultad. El objetivo vendría siendo que los nuevos estudiantes comprendan a dónde ir, qué hacer y con quién hablar al comenzar sus estudios. 
Desgraciadamente, lo único que se logró en Birkbeck en estos días después de tanta clase inaugural, eventos sociales, ferias y mensajes en internet fue que el estudiante termine no sabiendo por qué se metió en esto. 
Lo que se vio en estos días en los edificios de la facultad fue varios estudiantes deambulando perdidos por escaleras, halls, pasillos y anfiteatros con un centenar de folletos en la mano, un lápiz de cortesía y la mirada absorta, tratando de entender dónde queda el baño. También lo que han logrado es que uno se distraiga con las maravillas que ofrece la vida universitaria, en vez de escuchar el seminario sobre Time Management. De igual modo, uno se queda leyendo el programa de teatro gratis que ofrece el centro de estudiantes, cuando tendría que estar tomando nota en el seminario de Academic Skills. De hecho, las primeras notas para este post fueron hechas durante uno de estos seminarios. 
Otra gran ventaja de la Semana de la (des) Orientación es que uno conoce a mucha gente, se olvida de los nombres a los 20 segundos, y vuelve a reencontrarse en el próximo evento, para saludarse si no se sabe con quién hablar, o ignorarse para siempre, porque nos parece un ser odioso. Un crimen sin víctimas. 
En fin, las clases inaugurales fueron un lujo y ya siento una mezcla de entusiasmo y terror; debe ser un buen principio. 








viernes, 19 de septiembre de 2014

The British Library

Hoy develaré el misterio de por qué se hace tanto alboroto por la British Library. 
es un edificio relativamente moderno, porque hace creo 2 décadas, estaba adentro del Museo Británico. Ahora tiene su propio edificio. 
Hay una galería de tesoros, donde se pueden ver manuscritos originales de Shakespeare, Jane Austen, Leonardo Da Vinci y los Beatles entre otros- es más, los Beatles tienen una sección aparte!
En el centro del edificio hay unos estantes que llegan hasta el extremo superior, que contienen la colección de libros de George III, cubierta de vidrio e intocable. 
También es diferente de otras bibliotecas públicas porque NO presta los libros. En la biblioteca Británica hay un ejemplar de cada libro que se publica en el mundo, y obviamente, las mejores ediciones. 
Para acceder a esos libros, uno tiene que hacer un trámite parecido al que se necesita para abrir una cuenta en un banco. Se lleva la documentación necesaria, pero previamente, hay que registrarse online y hacer un pedido de libros. Uno tiene que probar que está investigando, no puede hacerse socio porque le pareció. 
Una vez que uno aprueba este periplo, tiene que mandar su búsqueda de libros a una de las salas de lectura. Yo siempre uso Humanities 1 porque me pareció que era la más afín a mis temas. Para entrar a los Salones, hay que dejar TODO en un locker. Uno tiene que desposeerse de sus objetos más preciados, como el celular, los chicles, la campera, la cámara de fotos,  el dinero, la botella de agua, en fin, todo lo necesario para vivir una vida plena tiene que quedar en un locker. Lo único que se permite dentro de los salones es una laptop silenciada, papel, la llave del locker y un lápiz. No te dejan entrar con lapicera. Se ingresa al salón con estos despojados contenidos en una bolsa transparente que se encuentra convenientemente colgada en la sala de los lockers para este fin. Y se devuelve al terminar!
Una vez que se ingresa a los salones, hay que elegir un escritorio. Hay largas filas de gente cejijunta leyendo y tomando notas de libros que quisieran tener en su casa pero no pueden, por eso viene a la biblioteca. Cada escritorio tiene un número. Entonces, con ese número, uno va al mostrador y mágicamente, una pila de libros que uno ya había seleccionado lo están esperando para que usted haga lo que pueda con ellos. 
Los escritorios tienen una lámpara con pantalla verde, una superficie de cuero cubierta de indicaciones de lo que NO se puede hacer en los salones, enchufes para NO enchufar el teléfono, y un sillón que parece el de Rivadavia. 
Lo que hago yo en la British Library es tomar nota de qué contiene cada capítulo de los libros de las bibliografías de las materias que empiezo a cursar la otra semana que no estén en la biblioteca de Birkbeck, que sí es generosa y me deja llevarme los libros. 
De todos modos, es maravilloso el sentimiento de estar sentada entre todos esos libros. Sí, ya sé, soy Lisa Simpson. 
Una vez que uno termina, o lo echan porque tienen que cerrar, devuelve los libros al mostrador y los guardan en un estante con su nombre por 3 días. Si pasan tres días, hay que hacer un pedido nuevo por internet. Uno entonces se puede reencontrar con sus pertenencias y devolver la bolsa plástica . Un proceso minucioso, si los hay. 

Tarjetas y correspondencia

Oh Merry England. Acá, donde el Mayor of London jura que la ciudad posee los colectivos más avanzados del planeta, acá donde la tecnología avanza despiadadamente, el correo sigue siendo una institución tan actual como twitter. 
Como corresponde, en Nutford House, donde me alojo, junto con casi 200 otros estudiantes universitarios de la University of London, tenemos una casilla de correspondencia. Los primeros días yo veía cómo los recepcionistas entregaban sobres a varios estudiantes, que preguntaban "Hay algo para el número 36?". Un día se me ocurrió preguntar a mí. Tenía 3 sobres. Uno era una invitación a hacerme socia de una clínica de la zona, otro era de la facultad, y el tercero me lleva al siguiente tema que quería explorar: las tarjetas.
Creo que nunca en mi vida había tenido tantas tarjetas como las que recolecté en los últimos dos meses. 
Todos se imaginan que uno tiene una credencial para la facultad, pero también tengo una para Nutford House. Así que es difícil acordarse cuál sirve para qué. Por otro lado, me hice socia de la Biblioteca de Senate House (que es enorme y está al lado de Birkbeck) y miembro lector de la British Library, con acceso a los salones de lectura que tanta reputación tienen entre los académicos. Para cada una de estas cosas tengo credenciales, con fotos más o menos agraciadas. 
Además de las tarjetas oficiales, hay otras que aparecen en la vida del ciudadano común en Londres. Tesco ofrece su Clubcard para acumular puntos, Sainsbury's tiene su Nectar card (los dos supermercados más importantes). 
A eso se le pueden agregar tarjetas de lealtad a librerías (Foyles, Waterstones), farmacias (Boots), teatros. En fin, el ciudadano londinense tiene que acordarse de todas sus credenciales hasta para ir a comprar el diario. 
De a ratos, me dan ganas de subvertir este orden tan riguroso donde el ciudadano bienpensante que le es leal a su marca, y contribuye acumulando puntos con las tarjetas que guarda prolijamente en su billetera y que despliega de acuerdo al negocio donde se encuentre ¡y llegan por correo! Se terminó. Mañana voy a Tesco con la tarjeta de Sainsbury's- que es como pedir frenys en burger- y voy a empezar una revolución de códigos de barras confundidos.